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Palabras para Carlos Gardel

Despertaba la calle tirada en la vereda con los verdes pregones nacidos de la orilla. Por la ochava rosada, desparramó ginebras el compadre "ranero", de pinta y contra pinta... Alquien llegó al lunfardo de la "gayola rea" y se trepo en los "bondis" trajinados del alba. Tarareaba en silencio para lejanas grelas, asomado a la gracia redonda de su cara... La madre era francesa: doña Berta. Un misterio que llegó hasta la esquina del Mercado del Abasto. Esperaba en las noches, tejiendo y destejiendo un sueño largo y dulce, que se llamaba Carlos... - ¿De que potrero antiguo, llegaste vos, tropero, debajo de tu pelo, crecido en tu sonrisa...? (Desde aquel sur de Francia nos tiraron un tejo que guardó en sus rayuelas, la calle desprolija.) - ¿Quién te dio esa guitarra...? ¿Quién te prestó una copla...? ¿Dónde fue el primer día...? ¿Quién te enseño esa magia...? La gracia taumaturga que dibujo tu ropa, ¿fue -acaso- aquella misma que dibujo tu estampa...? Llegan viejos curdelas de caña y pippermint. En alguna trastienda del ayer, está "Pepe". "Jailaifes" de otras cepas, van al Armenonvil, y tras carton y salto, le cuerpiás a la muerte... Ya la antigua milonga de Betinotti calla. Ya Gabino se esfuma tras su piel, y ha llegado con canyengue de exámetro, la compadrada parda de un grito que se planta con "nueve": "Mano a mano"... Y crece entre las calles asfaltadas del centro. Cruza en viejas berlinas, las noches del "fas-tras". Blanqueando en paño oscuro, se hace paloma el cuello, el oro con la seda; los besos y el champán... Ya se clavó tu nombre sobre el cielo del tiempo y un duende legendario nos ahorró tu vejez. Como una estrella en llamas, tu presencia está ardiendo, quiebra un tango la noche de truco y almacén... Te quemaron los dioses, caminante del viento, y estás solo, allá lejos, vencedor de la trampa. Te tutean los ángeles. Para verte, en silencio, se detiene la Muerte. Se hizo estrella, la lágrima... Catulo Castillo
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