miércoles, 10 de marzo de 2010
 
 

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Prólogo

Adaptación y edición de Jaime Gorenstein de un texto sin autor recibido por Internet… que suscribimos.

Zeev Jabontinsky no será nunca lo suficientemente estudiado y encumbrado junto a los padres del Israel moderno. En 1923 cuando escribió su famoso artículo "La Muralla De Hierro", el líder del sionismo revisionista reconoció que, tras la separación unilateral o por la fuerza, debería llegar una etapa en la cual los árabes-palestinos estarían dispuestos a entablar negociaciones con la dirección sionista  sobre su status y sus derechos nacionales en Palestina.

La Muralla de Hierro de Jabotinsky contiene una concepción del cambio en las relaciones entre judíos y árabes, que conduciría a la conciliación y coexistencia pacífica y no a un permanente estado de beligerancia, a una fortaleza para la Paz  y no instrumento para mantener a los palestinos en un permanente estado de rendición. Los textos de Jabotinsky deben ser situados en el período pre Estado moderno de Israel, en los días en los que el judaísmo mundial se debatía entre aquellos que no comprendían el potencial destructivo del nazismo y los otros... que se atrevieron a declarar desde el principio que la intención del sionismo era conformar y declarar la independencia de los judíos en Eretz Israel.

Mientras que las corrientes ideológicas dominantes en el establishment sionista de carácter socializante atribuían el origen del rechazo árabe a la presencia sionista en Eretz Israel a malos entendidos en las comunicaciones o en las intenciones, Jabotinsky corta de raíz con esta perspectiva inocente declarando a viva voz lo que hoy es obvio: “no encontrarás un ejemplo en el mundo, en donde un pueblo acepte con felicidad que le ocupen un terreno que consideran de su propiedad.  Esta gente no diferencia entre "colonos" que poseen tacto y los que no lo poseen. ¿Por qué razón salen a una guerra contra el conquistador que supuestamente trae consigo el desarrollo, el bienestar y el progreso? "Por una cuestión psicológica”, responde parcamente Jabotisnky ("Parlamento", 1925).

“Se trata de un hecho indiscutible. Ahora bien, ¿debe concluirse entonces que el asentamiento de los judíos en Eretz Israel es básicamente inmoral y por lo tanto se justifica la oposición árabe? De ninguna manera “– explica Jabotinsky – “todas las entidades políticas conocidas son producto del colonizaje. Por lo que si el sionismo es un crimen también lo es la conformación de una entidad como los Estados Unidos de América. El pueblo judío posee un derecho histórico, moral y político indiscutible sobre Eretz Israel y no ha de esperarse que los árabes reconozcan de buen grado tal derecho”.

A lo largo de más de cien años, los sionistas hemos observado diferentes manifestaciones de rechazo a los derechos y a la existencia del Estado de Israel. Desde el panarabismo nasserista y su llamado "laico" a la destrucción de Israel hasta la versión fundamentalista actual, pasando por la manifestación palestina en su versión extrema en la Carta Nacional Palestina de 1969 y su moderación aparente en el Plan de Pasos de 1974. Muchos líderes palestinos han utilizado esta negación como una cortina de humo para distraer a sus poblaciones acostumbradas al desconocimiento y a los regímenes anti democráticos. Otros, como el líder egipcio Anwar Sadat, han asumido de facto la existencia del Estado de Israel y han demostrado en sus acciones su aceptación. Fin del texto de la referencia.

“Hasta que no haya con quien hablar… sólo queda aplicar La Ética de la Muralla de Hierro”.
                                                                                                                          

La Ética De La Muralla De Hierro
      (Publicado en 1933)
                                         Vladimir "Zeev" Jabotinsky  

Primero: A aquellos que sostienen que el sistema de la “Muralla de Hierro” es inmoral… les respondo: ¡Mentira!

Una de dos, o el Sionismo es desde un punto de vista moral un fenómeno positivo o es negativo. Pero este problema debíamos haberlo resuelto antes de ingresar a este movimiento y si así lo hicimos es porque vimos su aspecto positivo, es decir, vimos en él un factor moral, tendiente a un ideal de justicia. Y si el ideal es justo… la justicia debe triunfar… sin tomar en cuenta la aprobación o desaprobación por parte de elementos ajenos.

Si Iosef o Simón o Ajmad quieren impedir la victoria de la justicia, porque ésta no les resulta cómoda, es nuestro deber impedir que su oposición logre tener éxito. Y si intentan realizar su cometido haciendo uso de la fuerza, es necesario usar en su contra el poder ejecutor estatal y el derecho de defensa propia para impedir sus maquinaciones. Esta es la Ética de toda sociedad decente, otra moral no existe.

En la lucha contra el Sionismo, se echa mano a una serie de consignas populares: democracia o el derecho de la mayoría; el derecho de “autodeterminación nacional”, etc… ¿Cuál es a intención oculta? Como los árabes constituyen una mayoría en Eretz Israel, les pertenece el derecho de autodeterminación, o dicho de otra manera, poseen ellos, el derecho de transformar a Eretz Israel en un estado árabe.

“Democracia” y “Autodeterminación” son dos valores sagrados pero justamente las cosas sagradas, como el nombre de Dios (YHVH), no deben ser usados en vano… ni con intención de engañar o para fines injustos. El principio de “Autodeterminación”, no significa que si un pueblo se apoderó cierta vez de alguna parcela de tierra ha de transformarse por ello, para siempre en su dueño; y el que fue expulsado de su tierra ha de constituirse por eso, en pueblo errante para la eternidad. Autodeterminación significa: Revisión… revisión del reparto de la tierra entre dos pueblos para que aquellos que la posean en demasía la entreguen a los que poseen poco o nada, para que así puedan todos gozar en justicia del derecho a la autodeterminación.

Después de que todo el mundo civilizado ha reconocido el derecho de los judíos a retornar a Eretz Israel, es decir, que todos los judíos son “habitantes y ciudadanos” potenciales de la tierra de la que fueron expulsados y aunque el proceso de su retorno llevo mucho tiempo; no puede negarse que por el momento tiene la población aborigen el derecho a oponerse y llamar a esa oposición con el nombre de “Democracia”. La democracia en Eretz Israel debe tomar en cuenta dos grupos nacionales: el aborigen y los expulsados por la fuerza; ésta última es la más numerosa.

Muchas veces ya he contado el siguiente cuento como ejemplo de como se puede transformar lo sagrado en un engaño: “Cierto hombre, era conocido por ser un demócrata patriota tan entusiasta que cuando oía los acordes de la Marsellesa se cuadraba en posición de firme como un soldado en formación, quedándose así erguido hasta el final… sin pestañar. Hasta que cierto día, penetraron ladrones en su vivienda y reconociéndolo, uno de ellos comenzó a entonar la Marsellesa…”. Esta es una costumbre judía muy típica y poco inteligente. Cuadrarse ante cualquier Marsellesa sin averiguar antes si no hay aquí engaño, si el nombre del ejecutante no es Hamán el malvado o si los instrumentos no están hechos con los huesos de sus hermanos. Esto es estupidez y no ética. La sociedad humana se basa en reciprocidad, anuladla y la justicia deriva en mentira.

Ese hombre que anda paseándose por la calle tiene derecho a vivir sólo en la medida que reconoce mi derecho a la existencia; pero si su intención es asesinarme, automáticamente pierde ese derecho. Esta misma regla se aplica a la relación entre los pueblos, pues de otra manera el mundo se transformaría en un ruedo de fieras salvajes donde sucumbiría no sólo el más débil, sino también el más bueno.

En el mundo debe reinar la garantía reciproca. Si de la vida se trata… todos tienen derecho a vivir pero si de morir se trata entonces todos deben compartir el mismo destino. Pero no debe haber lugar para una moral que sostenga que el goloso coma hasta hartarse mientras que el que se conforma con poco se muera de hambre.

Supongamos ahora, por un momento que la razón esta de parte de aquellos que sostienen que el sistema de la Muralla de Hierro es inmoral. ¿Qué sucede entonces? El problema principal radica en que nosotros estamos colonizando un país contra la voluntad de su población aborigen actual. Esta es la raíz de la cual se derivan inevitablemente todos los demás “problemas morales”.

¿Qué debemos hacer entonces? La solución más sencilla es la siguiente: Buscar otro territorio para nuestra colonización, por ejemplo, alguna Uganda. Pero con ello no evitaremos el problema. También en Uganda vive una población aborigen (más de un millón de almas) que de la misma manera que otros aborígenes sean blancos, negros o pieles rojas, protestarían instintiva o conscientemente contra el intento de convertir su suelo estatal en un país judío.

El que en este caso se trate de hombres de tez negra, en nada modifica la cuestión: Si colonizar contra la voluntad de los aborígenes es un acto inmoral… lo es tanto para los blancos como para los negros. Puede suponerse que los negros no hayan llegado todavía a un grado de evolución política tal, como para enviar delegaciones de protesta a Londres; o que sean indefensos e inocentes como niños, lo que todavía agrava aun más el problema, porque si desde un punto de vista moral, colonizar contra la voluntad de la población nativa constituye un robo, ¿Qué puede decirse entonces de quienes pretenden robar a un niño?

Es decir, colonizar Uganda constituiría también un acto inmoral, así como sería inmoral colonizar cualquier territorio, se llame como se llame, pues en nuestros días no puede encontrarse ni siquiera una isla despoblada. A cualquier país que te dirijas encontrarás indígenas que habitan ahí desde tiempos inmemoriales y que no querrán permitir la entrada a una mayoría extraña o contaminación cultural para ellos desconocida.

De esto podemos deducir que si existe en el mundo algún pueblo carente de Patria, le queda prohibido hasta soñar con un Hogar Nacional porque este constituye una afrenta a la “moral”. En nuestro caso esa “moral” adquiere un carácter muy especial. Según dicen, hay en el mundo 15 o 16 millones de judíos, más de la mitad de los cuales vive una vida de perros perseguidos y sin hogar, no estoy exagerando.

El mundo árabe asciende a 380 millones de almas, repartidas entre Marruecos, Argelia, Tunez, Libia, Cirenaica, Egipto, Siria, la Mesopotamia y toda la península arábica, superficie (descontando los desiertos) equivalente a la de Europa toda. En este inmenso territorio habitan aproximadamente 16 árabes por milla cuadrada. Para comparar recordemos que en Sicilia habitan 352 personas por milla cuadrada y en Inglaterra 669.

Eretz Israel constituye la 170 ava. Parte de ese territorio… y todavía hay quienes dicen que al exigir Eretz Israel, el pueblo carente de patria está cometiendo un acto inmoral, porque a los árabes no les pueda resultar ¡cómodo!. Una “moral” así sólo puede existir entre caníbales pero no en un mundo civilizado. El mundo no pertenece solamente a aquellos que poseen tierra en demasía, sino también a los que no poseen nada. Confiscar un trozo de territorio a un pueblo de inmensidades, para entregárselo a un pueblo errante, es un acto de justicia. Y si el dueño de las inmensidades se niega (como es natural, por otra parte) hay que forzarlo a aceptar.

Una sagrada verdad… para cuya materialización es necesario hacer uso de la fuerza no deja por eso de ser sagrada ni de ser verdad, Sobre esta premisa se basa nuestra actual posición ante el “problema árabe”; sobre acuerdos hablaremos entonces… cuando ellos estén sinceramente dispuestos a llevarlos a la práctica.   

Buscando La Verdad 07.09.06

 
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