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La Verdad "El amor a LA VERDAD culmina entre las fuerzas morales". José Ingenieros No es lícito concebir preexistencias de verdades absolutas, universales o eternas, implícitas en lo real concreto o en la razón abstracta; en una experiencia como la humana, formada en función de un universo variante, devienen sin cesar verdades relativas: El ignorante vive tranquilo en un mundo supersticioso, poblándolo de absurdos temores y de vanas esperanzas; es crédulo como el salvaje o el niño. Si alguna vez duda, prefiere seguir mintiendo lo que ya no cree; si descubre que es cómplice de mentiras colectivas, calla sumiso y acomoda a ellas su entendimiento. El estudioso... si duda de las supersticiones vulgares, no omite sacrificios para emanciparse del error. Rectifica sus creencias con amor y con firmeza; no teme ilusorios fantasmas; se mueve con naturalidad en su ambiente, equivocándose cada vez menos en la apreciación de las cosas y de los hombres. Se puede amar a LA VERDAD, poseyendo creencias inexactas; pero el hombre que se adhiere a las mentiras corrientes sin creer en ellas, es inmoral; no lo es menos, el que sospecha que sus creencias son falsas, pero se niega a investigarlo, prefiriendo medrar con el error... a sufrir por LA VERDAD . LA VERDAD es la más temida de las fuerzas revolucionarias; los pequeños motines se fraguan con armas de soldados, las grandes revoluciones, se hacen con doctrinas de pensadores. Todos los que han pretendido eternizar una injusticia, en cualquier tiempo y lugar, han temido menos a los conspiradores políticos que a los heraldos de LA VERDAD, por ésta pensada, hablada o escrita, produce en los pueblos, cambios mas profundos que la violencia. Ella - siempre perseguida, siempre invencible - es el más eficaz instrumento de redención moral que se ha conocido en la historia de la humanidad. José Ingenieros
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